La deshidratación en los ancianos puede tornarse un problema grave, ya que está asociado con un aumento en el riesgo de las caídas, las infecciones en el tracto urinario, las enfermedades dentales, las afecciones broncopulmonares, los cálculos renales, el cáncer, la constipación y los problemas en la función cognitiva.
Los ancianos ingieren menos cantidad de líquidos de lo necesario debido a diversos motivos. Con el transcurso del tiempo, el cuerpo pierde la capacidad de detectar la sed. Algunos ancianos también tienen escasa memoria, presentan inmovilidad o padecen enfermedades, lo cual puede dar como resultado una disminución del consumo de líquidos. A su vez, existen ciertos medicamentos que pueden bloquear el mecanismo de la sed.
Alentar a las personas mayores a que beban durante todo el día, aunque no sientan sed. Tener al alcance aquellas bebidas que disfruten y, si es posible, verterlas con anterioridad en tazas y vasos irrompibles que sean fáciles de sostener y difíciles de volcar. También, puede ofrecerles sopas, paletas de helado, gelatinas y otros alimentos sabrosos que contengan líquido.
Si usted piensa que una persona mayor no ingiere las bebidas necesarias, o bien presenta signos de deshidratación, hable con un proveedor de atención médica acerca de su preocupación al respecto.
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Los líquidos de las bebidas y las comidas que usted consume constituyen la principal fuente de agua para el cuerpo. Éste los necesita para regular la temperatura corporal, mantener la humedad de la piel y transportar oxígeno y otros nutrientes esenciales a las células.